Cae el sol arrodillado ante el inagotable poder de seducción de la luna. Entre luces y sobras, los bosques abrazan el mito. El paraíso celta de Tir Na Norg desciende. Mientras, el agua en torrentes o manantiales, compone cadentes melodías que mirlos, gaviotas y amigos acompañan. Orquestaciones naturales de la mente. Inspiración de arpas, gaitas, violines, zanfonas, de oníricos cantos a los dioses, a la siega, al amor, al mar, a la tierra madre y a los seres invisibles que pueblan el cielo, el agua y las sombras.

Lo celtíbero se ha guarnecido durante todos estos años en las regiones que no han querido desprenderse de su ideario. Son naciones ficticias, sin fronteras. Espacios protegidos con mucho en común a pesar de las distancias que los puedan separar: Las embajadas de “lo celta” están en todo el mundo aunque el Festival Intercéltico de Lorient marca como verdaderas Irlanda, Escocia, Isla de Mann, Gales, Bretaña Francesa, Galicia, Asturias y Cornualles. Es la comunión de la música tradicional con el jazz, el pop, el rock,... hermanada con otros sonidos étnicos.

Las fronteras ya no existen”